Fotografia de Lucas Vallecillos

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Descripción

Líbano, Valle del Bekaa. En un campo inmenso 35 menores refugiados, junto a alguna de sus madres y supervisados por dos capataces, recogen patatas tras el paso de un tractor que las hace aflorar. Es sorprendente la destreza con la que trabaja Iftikar, una niña de 12 años que va sin calzado para no romperlo. “Soy de Hamat, Siria, y hace 9 años que llegué”, me dice a la vez que introduce las patatas a velocidad de vértigo en el saco que lleva atado a la cintura. Detiene su frenética actividad, y esbozando una sonrisa introvertida añade, “empiezo a las 5 de la mañana y termino a las 6 de la tarde, y cobro entre 3,70 € y 5,60 € al día, depende de lo que recoja”. Aunque trabaja desde que tiene uso de razón, dejó el colegio porque está muy lejos y no tiene tiempo para ir, ni dinero para el transporte. Además, señala que “también me da miedo el largo trayecto que hay hasta la escuela porque secuestran a las chicas para traficar con ellas”.

Siempre que abordo una situación como fotógrafo, no importa dónde ni cómo, tengo presente las palabras del maestro Joan Guerrero, “Primero la persona, y luego la fotografía”.